Adiós a la condensación del tiempo

¿Sabes Carlota? Esta mañana me he despertado, y tenía una lágrima en la cara. No, no he llorado, era de sueño, el sueño tenía de rehén un pedazo de mi pena.
Y la he cogido con los dedos, ahí estaba, ¿sabes? Una lágrima sobreviviendo en la punto de mi dedo, y no se iba, se aferraba con fueza ante el ímpetu del despertar. Ni evaporación ni suicidio, se quedaba ahí, quieta, tambaleándose en completa soledad. Nos hemos mirado durante unos segundos, sin decirnos demasiado, despidiéndonos. La casa estaba en silencio y nosotras impasibles. Pero llegó el momento, y la aplasté.

Índice y pulgar, y adiós a la condensación del tiempo.
He matado a la tristeza con la punta de los dedos, Carlota.

Me he levantado y he vuelto a desayunar tostadas con tomate. Mis preferidas, ya sabes. Y no hace falta que vuelva a recordarte el símil de tu sangre untado en mi pan, mordido por mis dientes carnales. Ya, ya lo sé, ya no hace falta. Total, el pan ya está esponjoso. Joder, creo que incluso es sin sal.

Por una Lotte todo un país murió.
En mi personal Lotta, comemos pan sin sal.

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Night

Se me eriza el cuello

todas esas flores cobardes que se esconden en la nuca

y esperan a anunciarse, solo si vienen sus dedos a saludarles.

Que sea una canción a piano,

pulsando a ritmos lentos, o rápidos

rozando…

sonando…

acariciando…

versionando…

tocando…

gritando…

dejando…

arrastrando…

le onde y miles de nuvole bianche.

Y aunque sea desacompasado

que encuentre el ritmo una y otra vez,

replay,

en cada poro,

en el hueco de secretos no confesionales.

Donde escondo el miedo

y el secreto de los viajes sin retorno

donde descansa mi muerte

y los precipicios de un nombre.

No abras los ojos,

no los abras,

porque no van a ver

más allá de una canción de Ludovico en sus labios.

Y sé que es imposible,

pero hazme caso,

no abras los ojos,

escucha a sus manos

y el dibujo que hacen y no saben que estoy guardando

en mi memoria.

Insumisa identidad de fuego

Llegado el momento

se precisa de un alma

que venga a soplarnos, suave

cada día, cada noche, cada recuerdo,

la cara.

Alguien que nos desperece, que nos borre las legañas.

Que de brisa se transforme en viento, en tormenta, en ciclón,

en relámpago de luz que estalle en nuestro pecho.

Y nos destroce: polvo somos y en lucha nos convertiremos.

Veremos entonces, recordaremos de nuevo

que rey que calla otorga

que no hay excusa que valga su utopía

ni paz para quien juega a ser Dios

en esta aconfesión de mentira.

Os repito,

buscad quien os grite a los ojos,

palabras muertas de presente,

prosaicas de un futuro nuestro, rojo, valiente.

Quien os asalte las piernas y os haga rechinar los dientes

ante la injusticia de lo penal,

ante lo precario de esta sociedad,

ante fronteras de papel, trajes, sangre, mares.

Quien os recuerde quienes fuisteis,

antes de que el mundo os hiciese mundo

y el capital, producto interior bruto.

Antes de que ceder no doliera

ni existiesen las cicatrices de la sumisión

en las rodillas acostumbradas a la genuflexión.

Dejaos llevar por el estallido de sus olas,

golpeando muros institucionales de roca,

que agrieta, revienta, que de insistencia destroza.

Aguantad en su mirada

traerá la voz de luchadoras a vuestra garganta.

Bebed de su aliento,

insumisa identidad de fuego.

Encontradla,

es un adagio que va subiendo,

una mirada critica, una salvación, una conciencia que de improviso pincha,

un interrogante, la tierra y la vida buscando salidas,

la duda, el dolor y la decepción unidas.

La fuerza,

un todo,

miles

de ojos.

Y cuando por fin llega… se va

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Quedarme en la ciudad sin tiempo
dormir en sus palmeras
despertar en sus amaneceres
creer en las montañas que muerden

la luz

y anquilan

su fin

Recordad: las olas siempre rugen reflejos de sol

He descubierto nuevos naranjas en miradas que me han atrapado
y no volveré a ver
He abrazado a tanta gente que ahora duelen sus huellas
Hondos surco, hermosas plañideras

Viajo, vivo y desprendo

Me hago consciente: soy dos
y mientras una crece
la otra ya no me pertenece
Voy dejando pedazos de mi en calles, en ciudades, en el viento que me lleva al que por un tiempo fue hogar
Y duele joder, porque me desintegro contra el tiempo, creyendo que no importa tanto lo que dejo si lo que viene después, consigue hacerme renacer
una y otra vez
una y otra vez

¿Cuándo pierde su validez todo aquello que nos fue latente?
¿Qué sentido tiene perseguir un fututo de cicatrices presentes?

Antítesis y simultaneidad

En la noche los puedes ver.
Los puedes ver volar en círculos
– Oscuridad, contornos aún más,
con sombras de luz,
antítesis y simultaneidad-

A la distancia correcta de todos los suspiros
que aspiran alcanzarles.
Volando de una manera                                                                                                            frenéticamentehermosa                                                                                                            osadamentefrenética.

Y las estrellan los miran
siendo en realidad la luz que los persigue
mientras juegan a un dejarse llevar del viento
empujado por la hierba.

Así huele.
A puro amancer. A ingenua verdad.
A todo lo que no llegaremos a alcanzar.

Alzo la mano desde el suelo
y me frustra la felidad de saber que la única verdad que yo alcanzaré será el saber que no hay salto que llegue a su vuelo ni aire que les deje de empujar.

No hay día que los apague.
No hay mirada que los pueda encerrar.

Son caóticamente metódicos,
nadie,
y digo Nadie,
conoce su Plan.

Ser

Un día entero de ausencias

de idas, venidas

de interrogantes

anclados en las ojeras.

a

Llegar a la noche

y hacer de ella, legítima amante

salvavidas

para poder transportarte.

r

Cierra los ojos

respira

suelta.

Como un vaso de agua fría

como una mano que deja de asfixiar

y acaricia.

a

Un cosquilleo en las manos

un lienzo en blanco.

a

Vencer al mundo desde una cordillera helada

hacerle sucumbir, inclinarse, subyugarse

ante tu mirada.

t

Ser omnipresente

dejar de escribir los poemas dos veces

callar a los recuerdos

ser más rápida que ellos.

Ser el todo que apacigüe la nada

ser el verbo

que traicionando a la acción

traiga la calma.

t

Y aprovechando el segundo

– el fugaz segundo –

que conceden las luces  intermitentes

ser capaz,

de volver a verte.

x

Y entre los cuatro una mirada.

Porque abrir los ojos

y encontrar dos párpados

es como una noche sin luna.

a

Su esconder es una traición a la belleza.

Una puñalada a los que viven

solo para verla.

Aleph

Te acercas esquivando los versos

y apenas te roza el aire

Diosa entre rimas cobardes.

a

Y tu pelo – que de noches, y sol, y sexo, parece estar hecho-

no teme cruzas las trincheras

ni pisotear mis guerras.

No tiene miedo a las tormentas

y recrea mis miedos

mis dedos en tu pelo

mi boca en tu pecho.

r

Los versos inclinados en tu nombre

besando cada paso

quedando muertos.

Rotos por dentro, quebrados, secos.

a

Se asfixian ante el intento de rodear tu cuerpo

de dibujar la imagen

un recuerdo

de la guerrilla que supone intentar encerrarte en este cuaderno.

a

Es imposible contarle

que

te veo,

y el futuro me parece una pérdida de tiempo

y el ayer,

una excusa barata para no haberme perdido ya en tu cuello.

n

Ahora

tus ojos, tu hombro al descubierto

el Sol haciendo deslumbrar cada poro de tu cuerpo

mis ganas de saltar sobre las mesas

de derrumbar cada una de tus fronteras.

t

Para decirte que el Aleph que llevas dentro

reúne todo el Universo.

A mi,

corriendo a tu encuentro

a ti,

esquivando los versos.